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EUGENIO BURZACO
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19-07-2012
¿Quiénes son los líderes del futuro?
Forman parte del Dream Team. Son algunos de los argentinos reconocidos por el World Economic Forum (WEF) como Young Global Leaders (YGL), una comunidad con más de 800 líderes del mundo, creada por Klaus Schwab, el propio fundador por WEF, para terminar con el ambiente polite de cada cumbre. La elite de jóvenes -todos, menores de 40 años al momento de ser elegidos-, más irreverente, más jugada que los tradicionales representantes, oxigenó y dinamizó las discusiones en el foro. De hecho, ya se organizan encuentros en los que interactúan y se debaten temas, que van desde cómo generar conciencia sobre el faltante del agua hasta la posibilidad de implementar un compromiso de valores para quienes se gradúan en el mundo de los negocios, similar al juramento socrático de la medicina. "Son la voz y la esperanza de la próxima generación. La diversidad del grupo y su energía representan el impulso hacia un futuro mejor, a través de iniciativas de interés público en un tiempo en el que el planeta requiere nueva energía y cambios impostergables", resume Schwab.
  
 
Andy Freire, Alec Oxenford, Facundo Garretón, Federico Srurzenegger y Eugenio Burzaco son algunos de los seleccionados.
      
La liga de los elegidos -que sorteó un sistema de selección "caja negra", del que poco se sabe para evitar influencias- reúne desde empresarios, ejecutivos y emprendedores hasta periodistas, artistas, músicos y políticos. Todos, con probado back de liderazgo, aporte a la comunidad y potencial, para ocupar posiciones globales a nivel mundial. Larry Page, fundador de Google. Mark Zuckerberg, de Facebook. Steven Chen, de YouTube. Jimmy Wales, de Wikipedia. Evan Williams, co-fundador de Twitter. La princesa Mette-Marit, de Noruega. La diseñadora de modas Stella McCartney. Mandla Mandela, parlamentaria de Sudáfrica. Jon Favreau, director de discursos de Barack Obama. El presidente de México, Felipe Calderón, y el recientemente electo, Enrique Peña Nieto. El candidato presidencial opositor en Venezuela, Henrique Capriles Radonski. En la Argentina, Andy Freire, Alec Oxenford, Facundo Garretón, Federico Srurzenegger y Eugenio Burzaco son algunos de los seleccionados. APERTURA los convocó para un profundo debate.

Federico Sturzenegger (FS): Soy optimista sobre cómo evoluciona el mundo en lo económico. A lo largo de la historia, el crecimiento se acelera, influenciado por el progreso tecnológico, que también se acelera, y no hay nada en ese proceso que lo haya ralentizado. La economía estadounidense tuvo recesión y el desempleo quedó alto. Una interpretación de eso es que, en las recesiones, las empresas, siempre, liberan trabajadores y, ahora, se dan cuenta de que no los necesitan porque cambiaron la forma de organizarse. Todos los días, hay un software que reemplaza algo que hacía un humano. El proceso tecnológico es eso: usar menos recursos para hacer lo mismo que antes. Esto crea un problema en la transición pero abre una puerta en el futuro, a un aumento muy importante de productividad. Puede ser un problema a corto plazo. Pero, a futuro, implicará un crecimiento económico más fuerte.

Andy Freire (AF): Los YGL tenemos que ser optimistas y Federico (Sturzenegger) siempre lo fue (risas). Mi lectura es que la globalización va de la fabricación a la globalización de los servicios, lo que genera una igualación de los países en su capacidad de competir en la venta de materia gris a cualquier lugar del mundo. Lo que antes era la globalización de la fabricación del juguete, hoy, lo es del talento. Una persona con capacidad para producir software lo hace, desde cualquier lugar, para el mundo, lo que genera una competencia por talento y ya no tanto por costo. Por un lado, el contador se pone en cero y todos pueden competir de igual a igual porque estar en Silicon Valley es menos ventaja competitiva que antes. Y, por otro, genera un enorme escenario de competencia sana y mercenaria, también,
de los países para competir por talento, innovación y otras cosas. Esto es fascinante para la Argentina, por su capacidad emprendedora. El desafío es que los argentinos miren al mundo como su mercado y no al mercado argentino como su mercado.

Facundo Garretón (FG): Este proceso de globalización está liderando la democratización de las tecnologías, de la información y de las finanzas. Si bien soy optimista, el factor más crítico es que el liderazgo está en un proceso de quiebre. Como líderes, fracasamos en varios aspectos. Surgen los indignados y la gente está cansada del sistema, por falta de liderazgo. Hubo un quiebre y se cuestiona el modelo. Por primera vez, en las investigaciones de las universidades, la gente declara que quiere trabajar en ayudar, en ONGs. Cuestiona al sistema capitalista llevado tan al extremo, a esa ambición desmedida. Estamos en un proceso de cambio, en el que se replantea este concepto de liderazgo basado no tanto en lo económico ni en lo social, sino en lo trascendental.

Eugenio Burzaco (EB): Si bien uno puede ser optimista en el medio y largo plazo, ciertos cambios de sistemas o paradigmas generan problemas. Por un lado, está la incorporación al sistema de una enorme cantidad de clases medias en países como la India y China, gente excluida históricamente. Por otro, países tradicionalmente más desarrollados, con una incapacidad o falta de flexibilidad para acercarse a este nuevo paradigma. Cuando uno mira las cifras de desempleo, si bien no estamos en los niveles históricos más altos, sí lo son entre los jóvenes. Hay cierta incapacidad, incluso, para personas universitarias, formadas, de insertarse en este mundo dinámico y flexible. Además, existe una crisis de liderazgo tradicional, sobre todo, en la política. Los personajes que, durante 10, 15 o 20 años, tenían un posicionamiento histórico y eran líderes de naciones (los Mitterrand , De Gaulle, Reagan) empiezan a desvanecerse. Barack Obama surgió como fenómeno hace cuatro años y su liderazgo, hoy, ya está desgastado. Esto genera el surgimiento de liderazgos no tradicionales, de personajes fuera de la política, que ocupan roles históricos. Y, también, un gran signo de interrogación sobre la democracia tradicional como la comprendemos históricamente. Por un lado, hay una democratización a partir de Twitter y, por otro, a los sistemas tradicionales les cuesta adaptarse a esta nueva realidad. Hay líderes que intentan adaptarse a esta forma pero, todavía, no está claro cómo se relacionarán con la sociedad y cómo la sociedad se vinculará con ellos. El ejemplo más claro es Sarkozy. Llegó con grandes discursos, cambio de paradigma y, en cuatro años, perdió la elección, desapareció de la faz de la Tierra.

Alec Oxenford (AO): La aceleración de la comunicación, los hábitos, la posibilidad de conectarse entre personas de diferentes continentes, el uso de Facebook, Skype, Twitter, el e-mail, hace que uno puede hacer las cosas mucho más rápido. La información se difunde, los grupos se arman, se desarman. La sensación de todos es que estamos acelerándonos mucho. Eso puede ser bueno, si vamos en la dirección correcta. Pero, también, puede ser complicado. A esta altura, todo el mundo coincide en que estamos entrando en una era en la que el conocimiento determinará el nivel de competitividad de los países. Y la productividad que genera la tecnología, asociada al conocimiento, será que algunos vayan, todavía, mucho más rápido. El costo para los que se queden atrás será mucho más grande porque la distancia será mayor con los que van adelante. Y países como el nuestro tienen un desafío muy grande: la calidad de la educación es peor que antes, en términos relativos. Estamos perdiendo la batalla de la educación y entrando en un mundo en el que el conocimiento es la variable clave. Me preocupa que el liderazgo de nuestro país no esté dispuesto a asumir los costos de pelearse por la educación, que tiene que ver con reinventar, redirigir esfuerzos, ser más intransigente con parámetros de excelencia. Que lo más relevante para el futuro esté ausente del debate relevante del país no es muy alentador.

AF: Una estadística súper interesante es la medición de la tasa de actividad emprendedora de la Argentina. Si bien rankea entre
los cinco países más altos del mundo, cuando mirás la tasa de supervivencia en el cuarto año, está entre los cinco o 10 peores. Esto significa que hay mucha gente emprendiendo y fracasando porque no se educó para emprender. Lo hizo por necesidad y, así, surgió la cultura de la copia. Entonces, todos abrieron parri-pollos al mismo tiempo y, por el exceso de oferta, se fundieron al mismo tiempo. Parte de nuestro problema es que tenemos una cultura extremadamente emprendedora y una falta de foco educativo para emprender mejor y de manera exitosa.

FS: El proceso de globalización provocó, inicialmente, una competencia por la mano de obra no calificada que generó un aumento en la inequidad en la distribución del ingreso en todos los países del mundo, que se hizo más igualitario. Se le subieron los ingresos a India y a China, que eran los dos países más pobres del mundo. Pero, en otros lugares, surgieron los indignados por la caída del trabajo no calificado. Pero, si el paso siguiente es que los países crecerán a partir de su incorporación de conocimiento, capital humano, etcétera, quien no esté en esa frontera se quedará afuera, con una profundización del proceso de desigualdad de los ingresos. Esa es la asignatura pendiente de la Argentina. Nuestro país, en los últimos 10 años, aumentó 4 puntos del PBI el dinero que destina a educación. O sea, ya está más de 6 puntos. ¿Eso tuvo un impacto en los niveles de calidad educativa? No. Todos los años, el porcentaje de chicos que se pasan de la educación pública a la privada aumenta. Además, el gremialismo, que puso como prioridad hacer un paro por un reclamo salarial, poniendo de rehén al estudiante, destruyó a la educación pública y me parece que tampoco somos muy conscientes de eso...

FG: La crisis educativa está a nivel mundial. Hoy, los sistemas educacionales que se utilizan son totalmente obsoletos, de hace 200 años. Es decir, no son herramientas que te permitan generar un cambio transformador.

AF: La tecnología está transformando todo. Piensen en la democracia: es un sistema representativo, que parte de la premisa que uno no puede estar preguntándole a la gente lo que piensa cada vez que quiere hacer algo. Con lo cual, hay que elegir a alguien que represente a un grupo de gente. Hoy, la tecnología permite ver lo que la gente cree en una hora. En el fondo, la tecnología genera un cambio de paradigma tan violento en tantas cosas que, todavía, el mundo real no lo puede acompañar.

AO: En la Argentina, el 99 por ciento del esfuerzo de todo el debate, tanto gremial como de los mismos estudiantes, es por mantener o aumentar el legado. Pero nadie piensa en el futuro. Muy diferente a lo que hizo Corea hace 40 años, cuando, por pánico al colonialismo de Japón -que estaba camino a ser el país más productivo del planeta-, implementó un plan a 25 años para asegurar su independencia. Se plantearon: "Tenemos que ser más eficientes que los japoneses". Un desafío como que la Argentina, hoy, se plantease ser más eficiente que los alemanes, con la diferencia de que, para ellos, era más grave porque tenían más de la mitad de la población analfabeta, eran totalmente rurales, arroceros sin industria. Pero tenían un liderazgo muy fuerte y organizaron todas las instituciones educativas del país, la elite política y el aparato industrial detrás del objetivo de hacer un país competitivo y que pudiese ganar en las industrias elegidas, en un período de 35/40 años. Así, se volvieron líderes planetarios en eficiencia en industrias como la automotriz, la de semiconductores, la de barcos, la de acero... Lo lograron alineando la educación, empujando las carreras que hacía falta para, 25 años después, ocupar los lugares en las empresas que iban a existir. Y se convirtieron, de un país que era muy parecido a Corea del Norte (hoy, una catástrofe) a lo que es Corea del Sur, en muchos parámetros, el país más atractivo del mundo. Entonces, se puede y la Argentina está muchísimo más cerca de conseguirlo, si se ordena y se alinea, que otros. El tema es que no lo estamos haciendo y es una lástima.

FS: La diferencia entre Corea y la Argentina es que ellos tienen un sistema educativo híper competitivo, exigente. Por ejemplo, para entrar a la universidad, los chicos están un año estudiando. Pero, en este país, tenemos prohibido decir públicamente cómo funcionan los colegios secundarios. Mientras que, en
todos los países del mundo, tenés encuestas que los relevan, no para atacar a los docentes, sino para identificar los problemas. Ahí, el gremialismo educativo fue muy refractario. Es imposible mejorar el sistema educativo si no se sabe dónde están los problemas, permitiendo, también, que la sociedad se entere para que pueda ejercer presión para mejorar.

¿Cuál es el rol de los grandes grupos empresarios del país?

AF: Veo a los grandes viejos empresarios preocupados por cuál es el rol del empresariado en la Argentina. Creo que la nueva generación empresaria tiene un paradigma distinto: ve al mundo como su mercado, comparte el éxito de sus empresas con los equipos gerenciales -no felicitarlos, sino darles parte de de las acciones-; mira al Estado como otro agente del mercado, como un eslabón, como un cliente, como un proveedor. Hay un paradigma distinto, en cuanto a la manera de pensar. Y el rol de los empresarios tradicionales es adaptarse. Siempre, les echo en cara, con mucho cariño, cuándo fue la última vez que dieron una charla en una universidad. Un discurso de graduación o hablar con los chicos para explicarles por qué ser empresario es bueno. "Si no les gusta la imagen de los empresarios, ¿qué hacen para cambiarla? Vayan, hablen, acérquense a los estudiantes, a los emprendedores, promuevan el emprendedurismo". En el fondo, un empresario es un emprendedor al que le fue bien. Me encantaría que la distinción entre emprendedor y empresario desaparezca y que haya empresarios chicos y grandes. Y que esa línea se borre.

AO: Es muy triste. En dos charlas, hice el ejercicio de preguntarles a los jóvenes quiénes son los empresarios role model del país y no hay. El único nombre que salió repetido algunas veces fue Tinelli. Ni uno de los líderes de las principales compañías fue nombrado. Es una catástrofe. Si el empresariado no tiene ningún rol de liderazgo, hay que partir de la base de que no influye más allá de sus compañías, sus cámaras o intereses particulares. Es una situación insólita que quienes conducen las batallas competitivas que afectan al resto de la población no estén interesados o no puedan tener influencia más allá de sus intereses particulares. Cuando murió Steve Jobs, las muestras de solidaridad de la gente que no es fanática de Apple fueron enormes. Diarios de derecha, izquierda y del medio estuvieron de luto porque identificaron a un empresario que cumplió su rol: ayudó a la sociedad a estar mejor, tuvo opiniones -a veces, controvertidas- pero estuvo presente, se mostró, opinó, impactó. El empresariado en este país está escondido, agazapado. No tiene un discurso, no contribuye.

Recibe represalias...

AO: Entonces, que se corran. Lo que no puede pasar es que quiera tener los beneficios del prestigio y no cumplir el rol. El liderazgo tiene una parte de heroísmo, que viene con el papel.

FS: No hay manera de que el liderazgo político defienda las cosas del empresariado si el empresariado no está presente en el imaginario de la sociedad.

FG: No hay un liderazgo empresarial que marque un rumbo. En 2001, empresarios españoles nos preguntaban cómo el empresariado dejó que pasara lo que pasó.

¿Cuál es el marco que da el Congreso para estas Iniciativas?

EB: El Congreso no cumple su rol estratégico. Vivimos un uni-cato como nunca antes, en el más fuerte sentido de la palabra porque, además, perdió su carácter federal. El 75 por ciento de lo que se recauda está concentrado en el Ejecutivo nacional. Es un problema estructural. Años hablando de coparticipación y federalismo y no hacemos nada, con una tendencia creciente a subir impuestos no coparticipables.

FS: Inédito: un Ejecutivo que no le hace caso a la Corte.

EB: Eso se llama desacato. Es un tema complicado, con antecedentes. Cuando fueron gobernadores de Santa Cruz, no aceptaron una orden de la Corte de restituir a un fiscal General. Cuando se concentra, concentra y concentra, y ese poder se torna ciego o incapaz de resolver cuestiones, entonces, surgen los problemas de gobernabilidad actuales. La gran pregunta del país es si, pasado este unicato, iremos a otro. La verdad es que, de un color u otro, es la forma en la cual la Argentina manejó buena parte de su historia durante décadas. Una tendencia a la concentración del poder, una lógica estructural de buscar en liderazgos fuertes una salida a sus problemas. Como líderes, tenemos que involucrarnos para intentar que ésta no sea la fórmula. Y surge una pregunta de fondo para nosotros, como nueva generación de líderes: ¿qué estructura de país queremos para evitar que esto se torne en una cuestión endémica?
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Talento argentino

Teresa Bo (37). Fue elegida YGL en 2011. Periodista, es corresponsal en América latina de Al Jazeera. Trabajó en Nueva York y en Oriente medio.

Esteban Bullrich (43). Fue elegido YGL en 2010. Desde enero del mismo año, es Ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires. Fue empresario PyME, diputado Nacional y Ministro de Desarrollo Social.

Wenceslao Casares (38). Fue elegido YGL en 2011. Creó Internet Argentina, Patagon.com, Wanako Games (en Chile) y Lemon Bank (Brasil), Bling Nation y Lemon.com, basada en Palo Alto, California.

Martín Lousteau (41). Fue elegido YGL en 2008. Fue Ministro de Economía de la Nación, presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires y del Grupo BaPro, Ministro de la Producción y Jefe de Gabinete de la Provincia de Buenos Aires.

Adrían Suar (44). Fue elegido YGL en 2009. Actor y productor, es director de Programación de Canal 13 desde 2001.

María Eugenia Vidal (38). Fue elegido YGL en 2011. Es vicejefa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Antes, fue Ministra de Desarrollo Social de la Ciudad.
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Andy Freiré (40). Fue elegido YGL en 2008. Co-fundó Officenet y Axialent. Fue elegido "Líder Global del Mañana por el Foro Económico Mundial" (2000) y "Emprendedor de Latam" por Endeavor (2001), entre
otros reconocimientos.

Alec Oxenford (43). Fue elegido YGL en 2006. Emprendedor serial: co-fundador y co-CEO de OLX.com, también, creó DeRemate.com y co-fundó DineroMail.com. Inició su carrera en Boston Consulting Group.

Eugenio Burzaco (41). Fue elegido YGL en 2005. CEO de Seguridad Integral Templar, que provee soluciones de Seguridad. Fue Jefe de la Policía Metropolitana (2009-2011) y diputado Nacional por Buenos Aires (Pcia.).

Facundo Garretón (37). Fue elegido YGL en 2012. Entrepreneur nato, es CEO de InvertirOnline, a la que fundó en 2000. Hoy, opera más de US$ 3000 millones. En 1994, creó el primer proveedor de Internet en el norte argentino.

Federico Sturzenegger (46). Fue elegido YGL en 2003. Presidente del Banco Ciudad de Buenos Aires y profesor de la Universidad Torcuato Di Tella. Fue Secretario de
Política Económica de la Nación (2001).
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Proceso de selección

Los postulantes tienen hasta 40 años en el momento de la candidatura. Se evalúan sus logros profesionales, compromiso con la sociedad y su potencial para contribuir al futuro del mundo. No se aceptan autonominaciones. Los postulantes son propuestos por algún ex YGL o miembro del World Economic Forum. El cierre de las postulaciones es el 30 de junio.
Los candidatos preseleccionados son evaluados por Heidrick & Struggles y, como paso final, son examinados por un comité de selección. El proceso de selección demora más de seis meses. Se anuncia en enero. Se postula un promedio de 3000 candidatos por año. Se eligen hasta 200 jóvenes de todo el mundo por año, con un mix demográfico similar al del mundo. De América latina, entre 20-25; y, de la Argentina, uno o dos. A los cinco años, se gradúan pero siguen formando parte como alumni. Los YGL pueden acceder a través de una postulación a distintos módulos educativos: uno en Harvard, uno en Yale, uno en Singapur y otro en la India. Las empresas, organizaciones y entidades sólo pueden nominar a un candidato de la compañía para que sea postulado cada dos años.
 
Fuente: Revista Apertura