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EUGENIO BURZACO
OPINION
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24-11-2011
Narcotráfico: no somos sólo un país de tránsito
En materia de inseguridad, como en muchos otros temas acuciantes del país, existe una tendencia a caer en simplificaciones de la realidad que enmascaran y postergan la urgencia de un debate profundo acerca de la inacción del Estado en la instrumentación de una política de seguridad integral.

Uno de los "clichés” más comunes es calificar a la inseguridad de "sensación” potenciada por los medios. Otro dicho indica que el problema de la inseguridad es consecuencia de los ciclos económicos y se va a resolver cuando haya menos pobres. Pero quizás el más trillado, es la falsa contradicción debate entre mano dura y garantismo, que pretende ubicar a todas las políticas en los dos extremos, antinomia absurda que no genera ninguna solución real.

Respecto al tema narcotráfico y consumo de drogas ilegales, el cliché es que: "la Argentina es sólo un país de tránsito.” Esto es una falacia porque, si bien es cierto que muchas organizaciones narcos utilizan a la Argentina como trampolín para enviar la droga a Europa, el mercado local aumenta de la mano del creciente número de laboratorios incautados, encargados de la elaboración-refinamiento de la cocaína en el país.
Cada año se decomisan mayores niveles de pasta base, materia prima de la cocaína. Y así se verifica la escalada del consumo de paco, que se elabora con pasta base o con lo que queda en el fondo de la olla "cortado” con toda clase de basura tóxica.

La Argentina es ya un país de producción. Aquí se elaboran los precursores químicos necesarios para la síntesis de muchas de las drogas ilegales y tenemos instalados laboratorios. Al igual que muchas compañías que dividen la producción en distintos países, las últimas etapas de este letal negocio trasnacional hoy también ocurren entre nosotros.

Si a esto le agregamos el avance del consumo de drogas sintéticas en el mundo, que se elaboran íntegramente con las sustancias químicas que nuestro país produce en cantidad, la amenaza de que este negocio se extienda y afiance localmente, es una realidad. El descubrimiento de un laboratorio en Maschwitz administrado por narcos mexicanos del Cartel de Juárez que producía "cristal”, una droga que se consume en centros nocturnos europeos, o la reciente oscura trama de la efedrina son indicadores.

Otra falacia que esconde el concepto de la Argentina como país de tránsito, es que si así fuera la penetración de las redes del negocio sería baja. Falso. Como lo demuestra la presencia de líderes de carteles regionales, como Héctor Duque "Monoteto” Ceballos, segundo del Cartel de la Cordillera y asesinado por sicarios a plena luz del día en Unicenter.

La permeabilidad de nuestras fronteras aéreas con más del 90% sin radarizar, las pistas clandestinas que se multiplican en el norte, los pasos fronterizos legales e ilegales debilitados por el drenaje de gendarmes a las grandes ciudades, las advertencias internacionales por la inacción en materia de lavado de dinero son muestras del marco de inacción del Estado nacional que acaba de estallar grotescamente. La captura de un avión con casi mil kilos de cocaína en España, procedente de nuestros aeropuertos tampoco es un hecho aislado. Como no lo fue el caso Southern Winds que también partió con mucha cocaína de Ezeiza al mismo país.

Por último, la tercer falacia es pensar que, por el hecho de que la mayoría de la droga simplemente pasa por nuestro territorio, afecta poco a los argentinos. Mentira. El tránsito hacia otro país suele pagarse con las mismas drogas que van quedando en el mercado local para ser consumidas por argentinos que la consiguen con facilidad.
Los datos de crecimiento del consumo de drogas en Argentina son alarmantes, y esto habla a las claras de que el negocio ha encontrado terreno fértil: falta de control, facilidad de circulación y escasa acción concreta contra el consumo.

El informe de Naciones Unidas del 2010 (UNODC) sobre tendencias de Consumo establece que Argentina es el principal consumidor de cocaína per capita en toda América. También somos el mayor consumidor de marihuana per capita con el 7,2% de la población adulta consumidora, de los cuales el 27,5% son dependientes. También marca que entre jóvenes en edad escolar el consumo de la pasta base o paco creció en diez años de la casi inexistencia a poco más del 1% y el éxtasis del 0,2% al 2,2% con mas de 1.000% de incremento.
Detrás de los fríos números hay familias de carne y hueso que padecen las consecuencias, ya sea con tragedias personales o afectados por conductas delictivas de terceros. Los traficantes buscan clientes cada vez más jóvenes porque necesitan ese creciente ejército de adictos dependientes para usarlos como pequeños "dealers o sicarios.”
No se puede ser ingenuo ni demagógico. Las drogas ilegales tanto en su faz de crimen organizado como en su consumo sólo dejan un legado de muerte y destrucción. Mirar para otro lado, descalificar el problema o devaluar su envergadura sólo nos va a hacer profundizar la dimensión de la crisis y aumentar los costos sociales, económicos e institucionales para resolverlo. Que no sea tarde, como en alguno de nuestros países vecinos. Las drogas no están de tránsito en Argentina, han venido con sus organizaciones y quieren quedarse, corrompiendo el tejido social, al Estado y a sus instituciones.

Eugenio Burzaco
Jefe de la Policía Metropolitana