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EUGENIO BURZACO
OPINION
PRENSA
CONTACTO
03-11-2014
Los desafíos de la seguridad
Los últimos quince años de la Argentina se han caracterizado por el aumento del delito, pero sobretodo del delito violento. Es así que hemos llegado a situaciones en las cuales varias ciudades del país tienen tasas de homicidios endémicas, donde se destaca Rosario que con 24 homicidios cada 100.000 habitantes supera las tasas de Río de Janeiro, México D.F. y Bogotá. Se ha producido un quiebre estructural que inclusive afecta la modalidad de los delincuentes al actuar, por ejemplo, antes un ladrón ingresaba a un hogar cuando este estaba deshabitado hoy prefieren irrumpir cuando un familiar ingresa en la casa, en las famosas ‘entraderas’ con mayor violencia y peligrosidad o los autos que se robaban en la vía pública y hoy se roban a punta de pistola con el conductor adentro.
 
Este mayor riesgo y violencia a la hora de cometer delitos está fuertemente afectado por el uso de drogas y el narcotráfico. Tanto los delincuentes sacados por el efecto del paco o la cocaína o necesitados de robar para financiar la compra de estupefacientes como la propia batalla de las bandas narcos por controlar el territorio para vender drogas e instalar sus ‘cocinas’ , dejan un tendal de sangre y de muerte que tiene a la población sumida en el miedo y la desesperanza. Por ello la política de seguridad del próximo lustro debe poner foco en los delitos violentos y complejos, lograr que las leyes y la Justicia acompañen esta política para quebrar la percepción de impunidad generalizada e implementar una política integral de seguridad concentrada en tres ejes:
 
Reformular el sistema de seguridad interior: Decisión política de invertir los recursos económicos necesarios que permitan restaurar las misiones originarias de la Gendarmería y la Prefectura devolviendo su foco al cuidado de las fronteras y del delito complejo. A esto se debe agregar el traspaso definitivo de la Superintendencia de la Metropolitana de la Policía Federal a la Ciudad de Buenos Aires, lo que permitirá tener todas las fuerzas federales concentradas en delitos como el narcotráfico, la trata de personas, el tráfico de armas, el lavado de dinero, el contrabando y otros delitos económicos. Para ello es clave fortalecer las policías provinciales pasando de las estructuras burocráticas, reactivas y en su mayoría corruptas, a policías preventivas, dinámicas y con un uso intensivo de tecnología. Con una fuerte apuesta a capacitar, remunerar, equipar y controlar el personal policial que es el capital más importante que tiene una fuerza de seguridad. En la medida que fortalezcamos las policías provinciales y locales no habrá necesidad de más parches y de estar trasladando fuerzas federales por todo el país cumpliendo roles para los cuales no fueron creadas.
 
Por último dos temas vitales que es la centralización de las tareas de inteligencia, para que no se pierda información por la lógica de departamentos estancos, predominantes hoy o las limitadas prioridades de las fuerzas y agencias especializadas. Finalmente la creación, a partir de una Policía Federal que se desprendió de sus tareas de policía local, de una Agencia Federal de Delitos Complejos que focalice en todos los delitos federales y desarticule las redes de crimen organizado trabajando junto con la Justicia Federal.
 
Presencia del Estado en todo el Territorio: es clave que el Estado recupere la presencia permanente, visible e integral en todo el territorio no sólo en materia de seguridad y justicia. También en infraestructura social básica, en mejoras en la urbanización y la recuperación del espacio público, en el acceso a una educación de calidad y al consumo de bienes culturales, en la oferta de deportes y hasta en programas de microcréditos y otros incentivos económicos para fomentar la creación de empleos formales y desarrollar económicamente las zonas marginales. Cuando el Estado abandona el territorio, aparecen las mafias e inclusive el narcotráfico que toma control del mismo y de rehenes a sus habitantes. Dicha presencia debe tener especial énfasis por la seguridad en las fronteras y el espacio aéreo (radarización total, scanners y controles en rutas y fronteras, leyes apropiadas) y en tareas de inteligencia criminal para detectar las redes que operan en estos ámbitos, como también en las urbes grandes e intermedias desbordadas por la criminalidad.
 
Políticas de Prevención Social y Situacional del Delito: el eje vital de una política de seguridad radica en trabajar sobre aquellos elementos que impiden que los delitos ocurran. Esto va desde la presencia inteligente de la policía en las calles, en especial en zonas y momentos críticos establecidos a partir de mapas del delito. Hacer prevención profunda que implica constituir barreras para el ingreso al delito. Las barreras más importantes son sociales y educativas. Una educación de calidad que evite la deserción escolar temprana y genere oportunidades de insertarse en el mundo laboral, como también trabajar positivamente sobre todo el núcleo familiar marginado. Una sociedad de oportunidades es crucial para desarticular ‘historias de vida’ delictivas. También es importante la prevención situacional que hace a la calidad del entorno y del espacio público. Iluminar, quitar barreras visuales, abrir calles e interconectar ayuda a incluir a toda la comunidad y evitar seguir construyendo una sociedad segmentada en ‘guettos de pobreza y de riqueza’ aislados entre sí, con caminos y espacio públicos abandonados y peligrosos.
 

Estas políticas de seguridad integrales requieren de una firme decisión política. Una política de Estado implica invertir recursos, tomar decisiones firmes y establecer prioridades desde el primer día de Gobierno. Salir de falsos debates ideológicos que son inconducentes como lo demuestra la cruda realidad y el crecimiento del delito en el país. Firmeza contra el delito violento y firmeza contra las causas estructurales que lo alientan.