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EUGENIO BURZACO
OPINION
PRENSA
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12-08-2010
Los narcos en Argentina
Es hora de que el Estado vaya por los narcos porque estos ya han venido por nosotros.
Si el Estado no actúa con firmeza  contra el crimen organizado pronto los narcos van a  controlar al Estado.
 
El reciente asesinato del Colombiano Galvis Ramírez pone de manifiesto una vez más el avance del crimen organizado en la Argentina durante  los últimos años. Este no es un hecho aislado sino que es la seguidilla de una serie de actos mafiosos con el mismo sello. En menos de seis meses asesinaron en el estacionamiento de Unicenter a Hector Monoteto Ceballos, el número dos del Cartel de la Cordillera colombiano que vivía en Argentina hace varios meses. Este hombre tenía un pedido de captura internacional y vivía en un country del Gran Buenos Aires. Poco después ocurrió la  muerte por encargo de  tres hombres jóvenes argentinos, ajusticiados por sicarios, en un caso relacionado a la exportación ilegal de efedrina que es utilizada para la producción de drogas sintéticas. Estas muertes muestran una modalidad creciente propia de países donde el accionar mafioso esta enraizado.

Otros indicadores del avance de las drogas en Argentina

Otro hecho reciente fue la desarticulación de un laboratorio de drogas sintéticas en Maschwitz, donde operaban narcos mexicanos para producir metamfetaminas. Otro indicador del avance de las drogas sintéticas en Argentina facilitado por ser un país que posee una industria química de avanzada y es principal productor de precursores químicos que luego son utilizados para sintetizar distintas drogas, entre ellas la cocaína.

Sobre estas condiciones avanzó el paco. Esta  droga consumida sobre todo  por los  jóvenes marginales que  más que una droga en particular, es una forma barata de consumir basura que induce al delito y mata. Contiene mas solventes y  deshechos que alucinógeno creando adicción inmediata, su efecto  tóxico produce un mayor daño cerebral y, como su efecto tiene menor duración  en el tiempo, induce a reiterar su consumo en un espiral devastador. El paco destruye rápidamente el cerebro de los jóvenes adictos muchos de los cuales son movilizados a  delinquir para mantener su adicción. El paco es la resaca que queda en el "fondo de la olla” de las cocinas de cocaína con el doble efecto devastador en daño generado a consumidores y terceros afectados por ellos y en el hecho de que las cocinas y por ende los narcos están acá, instalados entre nosotros.

El Consumo y la Ley

El contexto de avance del narcotráfico, con peleas de bandas por territorio como la de la villa 1-11-14 que se dio en la Ciudad de Buenos Aires el año pasado, es simultáneo al avance del creciente consumo de drogas en el país. El informe de Naciones Unidas del año pasado indica que Argentina es el país donde se consume  más cocaína per capita de toda América Latina y es segundo en el consumo de marihuana. La edad de iniciación del consumo de drogas ilegales y alcohol también bajo significativamente, esta probado científicamente que  cuando más temprano  comienzan a consumir los chicos mas probabilidades tienen de ser adultos adictos.

En este marco parece muy inapropiado iniciar una campaña para la despenalización del consumo de drogas ilegales. Si bien acuerdo que ninguna persona adicta debe poder ser penalizada siquiera a un día de prisión, si entiendo que estas personas deban someterse a un tratamiento obligatorio por su adicción. Tampoco sirve sacar estas causas del sistema criminal ya que sin la intervención de un juez sería imposible dirimir cuando estaríamos tratando de una situación de consumo personal y cuándo de un tráfico minorista y por otro lado estaríamos dando el mensaje equivocado a nuestra juventud de que consumir estupefacientes no es ilegal ni malo para ellos. La Organización Mundial de la Salud destaca que la aceptación social del consumo de drogas ilegales es uno de los elementos que más incide en el aumento de su consumo.

La producción y tráfico de medicamentos adulterados, su provisión a instituciones del Estado, la compra de voluntades políticas, todo "huele a podrido” como diría Shakespeare y la población lo percibe impotente. En este contexto complejo el Estado se muestra ausente de políticas eficaces, serias y modernas  de prevención y de combate contra el narcotráfico.

Hacia donde vamos

Se siguen tomando medidas espasmódicas que tienen impactos negativos sobre el sistema de seguridad nacional en el mediano plazo. Dos que son muy claras en este sentido son la falta de radarización del espacio aéreo argentino y el traslado de gendarmes desde las fronteras a las ciudades. Esto resulta en que sea muy fácil para una aeronave que transporta drogas aterrizar en pistas clandestinas y también pasar por nuestras largas fronteras que se han transformado en un colador.

Si el Estado no actúa de manera decidida y consistente en poco tiempo tendremos  en la ciudad de Buenos Aires situaciones como las que se viven a diario en Río, San Pablo, Caracas o la Ciudad de México en las cuales los narcos controlan partes concretas de sus territorios, donde las autoridades no pueden entrar y la vida de las personas que habitan  depende de los códigos mafiosos y de los jefes narcos, que han tomado como rehenes a la población.

Instituciones incompetentes y funcionarios asustados no pueden resolver este peligro creciente que se cierne sobre la población. Necesitamos un Estado presente, con capacidad de acción, líderes y especialistas que asuman plenamente la responsabilidad sobre la  temática. El crimen es siempre dramático a nivel individual pero el crimen organizado es destructor a niveles impensables porque  descompone el tejido social. Es inútil  echarle la culpa a otros, incluyendo a  los medios de comunicación,  por un no accionar o ineptitud que  es propio del Estado e intransferible.

La argentina esta siendo permeada por el narcotráfico, desde las  instituciones que miran para otro lado ante lo evidente, hasta un número cada vez mayor de ciudadanos que viven o sobreviven como "dealers” o intermediarios de la destrucción.

El país se a convertido en una sede importante de los delincuentes internacionales por estar simultáneamente desarticulado jurídicamente y carente de políticas de Estado  eficaces para el control.

Eugenio Burzaco, agosto 2008
Diputado Nacional PRO